Durante más de cuatro siglos, miles de mujeres fueron perseguidas y ejecutadas bajo falsas acusaciones de brujería. Se estima que entre 40.000 y 60.000 mujeres fueron víctimas solo en Europa. La mayoría eran solteras, viudas o pertenecían a comunidades marginadas: mujeres que, de una u otra forma, no encajaban en lo que la sociedad esperaba de ellas.
Con el tiempo, la figura de la bruja se ha resignificado y se ha convertido en un símbolo de resistencia y de fuerza femenina. Porque, en realidad, muchas de aquellas acusaciones eran solo una excusa más para controlar, silenciar y reducir a las mujeres.
Mi inspiración nace precisamente de ahí: del feminismo, de la energía femenina y de la conexión con la brujería y la luna. En mis diseños se reflejan conceptos como la pureza, la opresión, la sensualidad y el poder, todos entrelazados en una narrativa que busca cuestionar y reivindicar.
Mangata cuenta una historia que comienza en la pureza impuesta a las mujeres, pero que evoluciona hacia la liberación y el empoderamiento. Una transformación que no solo habla del pasado, sino también del presente y de nuestra lucha constante por ser libres y auténticas.





